miércoles, 8 de diciembre de 2010

Poeta: Idea Vilariño


Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Escribir, una manera de vivir: Mario Vargas Llosa



Ya lo había dicho en alguna entrada de este blog: soy 100% Vargasllosista (siempre y cuando estemos hablando de literatura). No solo porque la estructura de sus novelas son hermosas obras arquitectónicas hechas con palabras; sino porque es uno de los escritores más generoso a la hora de trasmitir, de exponer la carpintería del oficio, de mostrar el revés del tejido. Así como en sus obras de ficción se esmera por una construir estructuras sin fallos, en sus ensayos, disecciona con gran habilidad literaria cada una de las tripas de los escritos de sus narradores favoritos: Victor Hugo, Flaubert, Gabriel García Márquez, Onetti, etc., y este ejercicio ilunmina la lectura o relectura que uno puede hacer de estos autores.
He leído varios libros de creación literaria, pero tal vez el que llevo siempre en mi memoria y en mis afectos es Cartas a un joven novelista de Mario Vargas Llosa. Este pequeño manual ha sido imprescindible en mi proceso de aprendiz de escritor.
Si usted tiene pretensiones de autor tiene que ver este video; si simplemente disfruta, consume buena literatura, tomese media hora para que escuche esta deliciosa charla de este generoso y gran maestro.







viernes, 24 de septiembre de 2010

Literatura felina: Pablo Neruda


Desaparición o muerte de un gato

Pablo Neruda

También la vida tiene misterios sencillos e inaccesibles, existen los rumores del granero inacabablemente, el perpetuo acabarse de las nueces verdes y amargas, la caída de las peras olorosas madurando, se reviene la sal transparente, desaparece o muere el gato de María Soledad. Hasta su cola era usada como un instrumento, el color era de retículos negros y blancos, era una forma familiar y animada andando en cuatro píes de algodón, oliendo la noche fría y adeversa, roncando su actitud misteriosa en las direcciones de la alfombra.
Se ha escurrido el gato con sigiliosidad de aire, nadie lo encuentra en la lista de sol que comía atardeciendo, no aparece su cola de madera flexible, tampoco relucen sus verdes mitades pegadas a la sombra como clavándolas a los rincones de la casa.
Ahí está María Soledad, con los cuadros del delantal jugando con los ojos a los dados, pensando en los rincones preferidos del gato y en su fuga o en su muerte de la que ella no es culpable, María Soledad a quien también le cuesta igilar sus ojos anchos. Para los días que dure la ausencia deja de ponerse alegre como si el color del gato hubiera estado anillado con sus risas de agua. En la noche estaríalos estremeciendo el fulgor de la luna, él a los pies de ella, pasarían las rondas de la noche, tocarían las grandes horas solitarias; entonces María Soledad, está más lejos, con esa lejanía de ojos cerrados, pasan campos y países debajan puentes, cielos, no se llega nunca, nunca a fondear tu sueñoa ninguna distancia, con ningún movimiento, María Soledad, solo tu gato fulgurece los ojos y te sigue, ahuyentando mariposas extrañas. Ahí está de repente, a la orilla de un viejo mueble, aparece con su pobreza verdadera, con su realidad de animal muerto, entonces está llorando de nuevo, María Soledad, tus lágrimas caesn, lagunan al borde del compañero, la sola muerte señala el llanto caído, más allá el balcón de los sueños sin regreso.

Atenea, Concepción, mayo de 1926 / Anillos, 1926

domingo, 19 de septiembre de 2010

El viejo cuaderno se renueva


Este cuaderno ya parece una casa abandonada. Así como la de la fotografía: desvencijada, descuidada. Pareciera que al dueño no le importara si se va desmoronando poco a poco. Pero sí me importa. Aunque le tenga abandonado, le tengo cariño a este blog, a este espacio cómplice donde he compartido lecturas, películas, escritos y uno que otro secreto que dejó de serlo apenas lo sometí a la fisgona mirada de Internet.

En medio de los afanes, a veces le doy vuelta, veo como algunos de los blog más queridos están igual: la indeseada despedida de El ojo en la paja hace dos meses, la furia detenida hace nueve meses de Angry Girl, Mi querida Extranjera que por lo visto dejó de serlo y ya se acomodó a Nueva York, La Agencia Pinocho que hace mucho rato pasó a mejor vida y ahora es una gran agencia de noticias (falsas, porsupuesto) con una página Web a toda ley. Supongo que así debe ser la vejez, cuando uno ve que los amigos se van quedando al lado del camino y cuando se mira también está por fuera hace rato.


Sin embargo, el Cuaderno se niega a morir. La culpa de su letargo fue totalmente de su dueño, podríamos atribuirsela a exceso de trabajo, a una tristeza y rabia chiquitica que se estaba enquistándo y creciendo, pero que fue debidamente exorcisada. Ahora estoy de vuelta, con el ánimo de cambiar de ropajes este blog, darle una nueva cara al Cuaderno y postear con regularidad mis obsesiones compulsivas, los textos de literatura felina, los juicios y otras cositas que me encuentro por aquí y por allá que quiera compartir con quienes deseen ojear de vez en cuando esta bitacora.

Gracias por la espera.

sábado, 31 de julio de 2010

Escribir para no ser o para ser

Por Emilano Mongue
Publicado hoy en Babelia



Sobre la forma correcta de crear un personaje se han escrito cientos de miles de páginas, por supuesto, inútiles todas: que si éste debe poseer tales cualidades, que si necesita ser reflejo de su tiempo, que si es fundamental la sutileza o la certeza o la entereza. Ni hablar ya de las contribuciones técnicas que los redactores de estas páginas creen hacer a la literatura en nombre de una sintaxis que convertida en derechos de autor se vuelve en sus bolsillos la más acartonada de las praxis. Igual que los fulleros de los parques, los tahúres de las letras venden su mentira disfrazada de promesa: siguiendo la instrucción de este libro crearás un personaje inolvidable.

La noticia en otros webs

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Peores que estos redactores de mentiras son sus primos más cercanos: los maestros de talleres literarios, esas comadronas especializadas en sacar con fórceps lo que debía sacarse con pujidos, esos caníbales hambrientos que succionan del personaje de su alumno lo único que en verdad era importante: el sudor, la sangre, el músculo y la bilis, esos malabaristas de las horas que cegados por el pago de una próxima visita se vuelven incapaces de aceptar una verdad como un templo: la manera indicada de crear un personaje memorable es fundamentalmente inexplicable. "En arte todo se puede aprender y nada o casi nada se puede enseñar", escribió Eduardo Chillida hace ya varios años.

Por supuesto, no es que sea inexplicable el carácter de un determinado personaje, sus virtudes morales, sus vacíos espirituales o sus carencias vitales, como tampoco resulta inexplicable la estrategia literaria, el tono elegido o las herramientas que se han utilizado para crearlo. Lo que es inexplicable es la gestación del personaje, su emerger en una mente como emergen en la niebla los objetos, el mecanismo de resortes que arrastra un presentimiento desde las profundidades últimas del alma y lo moldea hasta dejarlo convertido en algo más humano que los hombres, en un ser incluso más real que aquél que lo ha creado. Lo que resulta inexplicable es pues lo único importante: la manera en que un autor inventa, insufla de existencia y comparte con su creación el lugar que hasta entonces ocupaba solo en el mundo. "Allí donde fallo yo como hombre, fallan también mis personajes. Por otro lado, ellos sienten orgullo por las mismas cosas que yo, es decir, por los pormenores cotidianos de la vida", aseguró el escritor checo Bohumil Hrabal.

Sé que sobrarán los que tras leer estas palabras me corrijan, los talleristas que me enseñen aquello que no entiendo, los críticos que se apresuren a explicarme lo inexplicable. Antes de que lo hagan, déjenme decir que sé lo fácil que es diseccionar un personaje, un texto, una situación o incluso una palabra, y también lo inútil que resulta. Así que mejor contéstenme cómo es que Tolstói huyó de su muerte, para ser exactos de su casa instantes antes de su muerte, para no morir en las mismas condiciones que Iván Ilich: rodeado de una familia indiferente, interesada y que lo tenía completamente harto. O cómo es posible que Bohumil Hrabal, el autor de obras como Trenes rigurosamente vigilados y Una soledad demasiado ruidosa, se suicidara tirándose de un quinto piso mientras daba de comer a sus palomas: exactamente igual que el más insigne de sus personajes. Escribir para no ser o para ser...