lunes, 24 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
Las reglas de Malalma y Mockus
jueves, 17 de septiembre de 2009
Empeliculado: La clase (Entre les murs)

Reconozco que me gustan las películas de maestros: Descubriendo a Forrester, La sociedad de los poetas muertos, La profesora de piano (medio porn pero bacana), Cadena de favores, Billy Elliot, Saint Ralph, Los coristas, Elephant y, no puede faltar, el Karate kid: "wax on, wax off". Pero en todos hay heroes o antiheroes: el maestro redentor, el alumno suicida o el que va y mata a todos los compañeros de la escuela. En La clase no. Aquí no hay heroes. La historia transcurre en una escuela en algún lugar de Paris, un salón de clases, un maestro y un grupo de alumnos, de adolescentes de hoy, que a veces son crueles, a veces amorosos. Un profesor que intenta hacer bien su trabajo, pero que no es un martir de la educación, que no rehabilita a nadie, que no da la vida por sus alumnos. No. Es un profesor de la vida real, son estudiantes de la vida real, con problemas reales y sin soluciones heróicas, en ocasiones, más bien, sin chance de solución.
Es una muy buena película, todos los elogios y premios recibidos son bien merecidos. Vale la pena.
sábado, 18 de julio de 2009
Empeliculado: Atonement (2007)

martes, 9 de junio de 2009
Empeliculado: Relaciones peligrosas (1988)

Existen varias versiones cinematográficas del libro homónimo publicado en 1782 del fránces Choderlos de Laclos , una de 1959 dirigida por Roger Vadim, otra de 1988 dirigida por Stephen Frears, otra de 1989 titulada Valmont y realizada en el Reino Unido y por último, una versión Light para adolescentes titulada Juegos sexuales, esta última la más maluquita.
Pero la que nos obsesionaba era la versión Frears protagonizada por Glenn Close y John Malkovich, y donde también actúan Michelle Pfeiffer, Uma Thurman y Keanu Reeves, y que ganó tres premios Óscar en 1988: guión adaptado, dirección de arte y vestuario. Qué lástima que no hubiese un premio para la película más sensual, ésta, sin duda lo hubiese ganado también.
Para quienes no la han visto les cuento brevemente el argumento: A la marquesa de Merteuil (Glenn Close) y al vizconde de Valmont (John Malkovich) los une, además de la amistad, su fama de grandes amantes. Seducen a quien quieren y compiten y comparten los éxitos de sus conquistas. Pero ellos, aunque se desean, nunca han sido formalmente amantes.
La marquesa quiere vengarse de un antiguo tinieblo que pronto se casará con Cecile de Volanges (Uma Thurman), una adolescente de buena familia y criada por monjas. Para dañarle el caminado a su ex le pide a su amigo Valmont que seduzca a la niña (a la muy bella niña). Él acepta, pero en el camino conoce a madame de Tourvel (Michelle Pfeiffer), una mujer casada y recatada, que se convierte en su mayor obsesión. De ahí en adelante todo es un juego de erotismo contenido, lágrimas y traiciones… ¡Buenísimo!
Es una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Durante años fantaseé con ser Valmont, aunque tempranamente descubrí el doloroso costo de jugar con los afectos de los demás. Bueno, nunca me batí en duelo con algún amante despechado y traicionado y de lo que más me arrepiento es nunca haber escrito una carta de amor utilizando el dorso desnudo de una mujer como escritorio.
viernes, 1 de mayo de 2009
Empeliculado: Los viajes del viento

Me suele suceder cuando una película me gusta mucho: pienso que es la mejor que he visto. Y eso me está ocurriendo con Los viajes del viento de Ciro Guerra. Bueno, no la estoy comparando con Ciudadano Kane, El paciente inglés o Lo que el viento se llevó; pero sí es mucho mejor, y por mucho, que Condores no entierran todos los días, La estrategia del caracol, La vendedora de rosas, Perro come perro (que me gustó bastante y está reseñada aquí) o la más taquillera del cine nacional: El taxista millonario, o cualquier otra película de nuestro terruño. Ésta sí es MUY buena.
En esta road movie (en burro, claro está), el maestro Ignacio y su hijo y escudero, Fermín, hacen un largo viaje a través de toda la Costa Atlántica colombiana, desde la de "agua dulce" hasta el extremo norte de la Guajira para devolverle a su dueño, que lo espera aún después de muerto, su acordeón. En la travesía pasan por impresionantes hermosos lugares inéditos para la gran mayoría de colombianos.
El cuidado en cada detalle del guión, en la selección minuciosa de cada locación y la limpieza de la fotografía, el sonido impecable que revela la compañía del viento en cada escena, la música, la perfecta actuación del maestro Marciano Martínez y de Yull Núñez la convierten, para mí, en la mejor película colombiana hecha hasta hoy.
Aunque es probable que Ciro Guerra nunca llegue a leer este comentario, no puedo más que decirle: felicitaciones y gracias.
Eso sí, lástima la reaparición "mágica" del burro después de haber cruzado La cienága. Es la única inconsistencia, pero se perdona. Peores cosas se han visto en megaproducciones y a nadie le importan.
Échenle ojo a la escena del duelo sobre el puente. Me cuentan que les parece.
Trailer: Los viajes del viento de Ciro Guerra (2009)
lunes, 27 de abril de 2009
Empeliculado: Yo que serví al rey de Inglaterra

Bohumil Hrabal tiene la virtud de poder plasmar desde lo más vulgar de la cotidianidad los más profundos dramas del ser humano. Él mismo, su propia muerte -una caída accidental/intencional desde una ventana mientras daba de comer a los pájaros- parece un fragmento de alguna de sus novelas. Sus personajes son obreros, operarios, camareros, gente simple, con vidas simples que en el correr de sus días simples descubren la grandeza de la vida, del arte o de los momentos críticos de nuestra historia reciente. Este mismo espiritú lo respeta Jirí Menzel en su muy premiada película Yo que serví al rey de Inglaterra, adaptación de la novela de Hrabal del mismo título.
Jan Díte es un menudo y pobre camarero de provincia cuya ambición es llegar a ser millonario mientras sucede la invasión nazi a Checoslovaquia. ¡Y lo logra! Pero mientras lo hace uno puede morir de la risa, aunque a veces sea una risa vergonzante por la contradicción de lo que hace y le pasa a Díte y la terrible realidad que está viviendo su país.
Si no la ha visto, vale la pena hacerlo y, si de pronto, no ha leído a Hrabal, hágalo. Si no me cree dele una miradita a esta entrada del Ojo en la paja o al blog de Laura García, donde están reseñadas dos maravillosas novelas de Bahumil Hrabal.

Yo que serví al rey de Inglaterra de Jirí Menzel (2006)
sábado, 4 de abril de 2009
Empeliculado: Revolutionary road

La vida se escurre en el cuentagotas del día a día, con ella se van las las mentiras que alguna vez nos vendimos y que usualmente solemos llamar "sueños". Frank (Leonardo Di Caprio) y April (Kate Winslet) se casan y, como todas las parejas, también tienen sueños que pronto son reemplazados por el trabajo y la crianza de los hijos. Cuando se detienen un momento se dan cuenta que ahora es más importante lo seguro, lo fijo, un mejor salario, una mejor posición que ir a perseguir incertidumbres en París, así su relación ya no valga nada; sin embargo lo piensan, incluso alcanzan a planear una huída, pero la seguridad de las certezas aplasta las frágiles y temerarias ilusiones.
Ojo a la actuación de Michael Shannon en el papel de John Givings. Otro de los personajes loquitos bien cuerdos del cine.
Lástima que la historia, o la forma como la contó Sam Mendes, huela tanto a Belleza americana. Al final es la misma reflexión metida en un guión y una película distinta. De lo que sí quedé antojado fue de leer la novela de Richard Yates.
En conclusión: Para repetirla después de un buen tropel con la esposa o en aquellos días donde uno siente que la vida se escapa en la rutina intrascendente del día a día.

Revolutionary road de Sam Mendes (2008)
sábado, 21 de marzo de 2009
Empeliculado: Antes que el diablo sepa que has muerto
Por eso dicen por ahí: para gustos... ¡el cine!
Antes que el diablo sepa que has muerto (2007)
Guión
Dirección
Arte y fotografía
Reparto
Veredicto: para repetirla cada vez que pueda.Ojo a... la discusión entre Andy (Philip Seimour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke) mientras están decidiendo si roban o no a sus propios padres. En este caso no es sacar unas monedas de la cartera de mamá, es asaltar una joyería.
lunes, 12 de enero de 2009
Mis cinco favoritos de 2008
Es posible que algunos de ustedes me hayan visto, escuchado o leído quejarme en el 2008; pero a pesar de todo fue un buen año: tres artículos científicos , dos crónicas, un reportaje y un cuento publicados y una novela casi, casi terminada. A pesar de tanto chillar, no estuvo mal.
En el otro lado de la “productividad” están los consumos, lo improductivo pero lo más divertido, en lo que invierto buena parte de mi tiempo, y muchas veces, el menguado dinero que “produzco”.
A continuación va el Top 5, arbitrario, personal y poco novedoso, de mis lecturas y películas favoritas del 2008:
Libros
1. Junot Díaz. La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Barcelona: Mondadori; 2008.

2. Corman McCarthy. La carretera. Barcelona: Mondadori; 2007.

3. Thomas Lynch. El enterrador. Bogotá: Alfaguara; 2004.

4. Roberto Bolaño. Estrella distante. Barcelona: Ana grama; 2000.

5. Andrea Cote. Puerto Calcinado. Bogotá: Universidad Externado de Colombia - El Malpensante; 2003.
Películas
1. Ethan y Joel Coen. No country for old men. EEUU. 2007
2. Andrew Stanton. Wall-e. EEUU. 2008
3. Christopher Nolan. El caballero oscuro. EEUU. 2008
4. Paul Thomas Anderson. There Will Be Blood. EEUU. 2007
5. Jason Reitman. Juno. EEUU. 2007
Artículos
(Crónicas, reportajes, perfiles y ensayos publicados en revistas)
1. Marcela Tuarati. 100 maneras de perder una carrera. Gatopardo 2008(92):106-117.

2. José Alejandro Castaño. ¿Adónde van dos hipopótamos tristes? Etiqueta Negra 2008(61):36-42.

3. Fernando Mora Meléndez. Retrato de dama con bandido. El Malpensante 2008(92):21-23.

4. Erik Hedegaard. Ida y vuelta al infierno. Rolling Stone 2008(56):74-78.

5. Gloria Fisk. Orhan Pamuk y los turcos. El Malpensante 2008(88):44-53.
1. Extranjera en el 7-D
2. El ojo en la paja
3. Matamoscas
4. El ojo fisgón
5. El blog de Marcelo Figueras
viernes, 21 de noviembre de 2008
Vida y destino y el cine


Mejor no digo nada más. Si no lo han hecho, comiencen a leer Vida y destino y vean las películas. Mientras tanto les traje un bocado de Grossman y de la película de Spilberg; y para que se antojen de Enemigo al acecho vean al menos el trailer y lean esta reseña publicada en Cinéfagos.net.
Dado que he desplazado mi vida real por vivir metido en esta novela, esperen más visitas de esta obra al Cuaderno en futuras entradas.
La percepción del resultado global de un combate que experimenta un soldado aislado de los otros por el humo, el fuego, el aturdimiento, a menudo resulta más justa que los juicios formulados por los oficiales del Estado mayor mientras estudian un mapa.
En el momento decisivo de la batalla se produce un cambio asombroso cuando el soldado que toma la ofensiva y cree que está próximo a lograr el objetivo mira alrededor, confuso, sin ver a los compañeros con los que había iniciado la acción, mientras que el enemigo, que todo el tiempo le había parecido singular, débil y estúpido, de repente se convierte en plural y, por ello, invencible. En ese momento decisivo de la batalla —claro para aquellos que lo viven; misterioso e inexplicable para quienes tratan de adivinarlo y comprenderlo desde fuera— se produce un cambio de percepción: el intrépido e inteligente nosotros se transforma en un tímido y frágil «yo», mientras el desventurado adversario, que se percibía como única presa de caza, se convierte en un compacto, temible y amenazador «ellos».
Mientras rompe la resistencia del enemigo, el soldado que avanza, percibe todo por separado: la explosión de una granada; las ráfagas de ametralladora; el soldado enemigo allí, tirando a resguardo, que ahora se hecha a correr, porque está solo, aislado de su cañon, a su vez aislado… de su ametralladora, igualmente aislada, del tirador vecino, igualmente aislado que yo, yo soy «nosotros», yo soy toda la enorme infantería que marcha al ataque, yo soy esta artillería que me cubre, yo soy estos tanques que me apoyan, yo soy esta bengala que ilumina nuestro combate común. Pero he aquí que, de repente, yo me quedo solo, y todo aquello que me parecía débil y aislado se funde en un todo terrible de disparos enemigos de fusiles, de ametralladoras, de artillería, y la fuerza que me había ayudado a vencer aquella unidad se desvanece. Mi salvación está en la huida, consiste en esconder la cabeza, poner a cubierto el pecho, la frente, la mandíbula.
Y en la oscuridad de la noche aquellos que se han enfrentado a un ataque repentino y que, al principio, se sentían débiles y aislados comienzan a desmantelar la unidad del enemigo que se ha abatido contra ellos, comienzan a sentir su propia unidad, donde se encierra la fuerza de la victoria.
En la comprensión de esta transición es donde reside lo que a menudo permite hablar de la guerra como un arte.
En esa sensación de unicidad y pluralidad, en la alternancia que va de la conciencia de la noción de unicidad a la de pluralidad se encuentra no solo la relación entre los acontecimientos durante los ataques nocturnos de las compañías y los batallones, sino también el signo de la batalla que libran ejércitos y pueblos enteros.
Hay una sensación que los participantes en un combate pierden casi por completo: la sensación del tiempo. La chica que ha bailado hasta la madrugada en una fiesta de fin de año no puede decir cual ha sido su sensación del tiempo, si ha sido larga o, por el contrario corta.
De la misma manera, un recluso que haya pasado veinticinco años en cautiverio en la prisión de Schlisselburg dira: «Tengo la impresión de haber pasado una eternidad en esta fortaleza, pero al mismo tiempo me parece que sólo llevo en ella unas pocas semanas».
La noche del baile estará llena de acontecimientos efímeros: miradas, fragmentos de música, sonrisas, roces, y cada uno de ellos pasará tan rápido que no dejará en la mente de la chica la sensación de duración en el tiempo.
Sin embargo, la suma de estos breves acontecimientos engendra la sensación de un largo intervalo de tiempo que parece abarcar toda la felicidad de la vida humana.
Al prisionero de Schlisselburg le ocurre lo contrario: sus veinticinco años de cautiverio están formados de intervalos de tiempo separados, penosos y largos, desde el toque de diana hasta la retreta, desde el desayuno a la cena. Pero la suma de esos hechos pobres logran generar una nueva sensación: en aquella lúgubre uniformidad del paso de los meses y los años el tiempo se encoge, se contrae… Así nace una impresión simultánea de brevedad e infinito, así nace una proximidad de percepción entre los concurrentes del baile de fin de año y los que llevan reclusos decenas de años. En ambos casos, la suma de acontecimientos engendra el sentimiento simultáneo de duración y brevedad.
Más complejo es el proceso de deformación del tiempo referente a la percepción de la brevedad del mismo y su duración que se da en el hombre que vive un combate. Allí las cosas van más lejos, allí son incluso las primeras sensaciones individuales las que se ven deformadas, alteradas. Durante el combate los segundos se dilatan, pero las horas se aplastan. La sensación de larga duración se relaciona con acontecimientos fulminantes: el silbido de los proyectiles y las bombas aéreas, las llamaradas de los disparos y las explosiones.
La sensación de brevedad se relaciona con acontecimientos prolongados: cruzar un campo arado bajo el fuego, arrastrarse de una guarida a otra. En cuanto al combate cuerpo a cuerpo, éste tiene lugar fuera del tiempo. Aquí la indeterminación se manifiesta tanto en los diferentes componentes como en el resultado, la deformación afecta tanto a la suma como a los sumandos.
Y de sumandos hay una cantidad infinita.
La sensación de duración de la batalla está en conjunto tan profundamente deformada que se manifiesta con una total indeterminación, desconectada tanto de la duración como de la brevedad.
En el caos donde se confunde la luz cegadora y la oscuridad ciega, los gritos, el estruendo de las explosiones, el crepitar de las metralletas; en el caos que hace añicos la percepción del tiempo Krímov tuvo una nitidez asombrosa: los alemanes han sido arrollados, los alemanes estaban vencidos. Lo comprendió él, lo comprendieron los secretarios y los agentes de enlace que disparaban junto a él, por una sutil percepción interna.
Vasili Grossman. Vida y destino (Capítulo 11). Galaxia Gutemberg – Círculo de Lectores. Barcelona, 2007. pp. 50-53.
domingo, 13 de julio de 2008
WALL-E: Una soledad demasiado ruidosa
Cuando el fin de semana pasado vi Wall-e, la última película de Disney y Pixar, fue inevitable recordar la novela del magnífico escritor checo Bohumil Hrabal: Una soledad demasiado ruidosa.
Hanta, el personaje principal de la novela, trabaja hace treinta y cinco años prensando y triturando papel. Dentro del material que le llega, encuentra, de vez en cuando, bellos libros o reproducciones de pintura, que seleciona y organiza para crear paquetes de papel prensado cargados de arte. Por su parte Wall-e es el último robot de su especie que desde hace setecientos años está programado para compactar la basura; al igual que Hanta selecciona objetos que lo seducen y los guarda en su colección personal.
En resumidas cuentas, Hanta hace bloques de papel y Wall-e de basura, y los dos son personajes de una inmensa ternura y protagonistas de obras maestras, el primero de la literatura y el segundo del cine animado.
Va una muestra como invitación a ver la película y a leer la novela.
Hace treinta y cinco años que trabajo con papel viejo y ésta es mi love story. Hace treinta y cinco años que prenso libros y papel viejo, treinta y cinco años que me embadurno con letras, hasta el punto de parecer una enciclopedia, una más entre las muchas de las cuales, durante todo este tiempo, habré comprimido alrededor de treinta toneladas, soy una jarra llena de agua viva y agua muerta, basta que me incline un poco para que me rebosen los más bellos pensamientos, soy culto a pesar de mí mismo y ya no sé que ideas son mías, surgidas propiamente de mí, y cuáles he adquirido leyendo, y es que durante estos treinta y cinco años me he amalgamado con el mundo que me rodea porque yo, cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos. Por regla general, prenso dos toneladas por mes, y para tener fuerzas para este bendito trabajo, durante treinta y cinco años he bebido tanta cerveza que con ella se podría llenar una piscina olímpica o una buena cantidad de viveros de carpas navideñas. De esta manera, a pesar de mí mismo, me he vuelto sabio y ahora me doy cuenta de que mi cerebro es un fajo de pensamientos prensados en la prensa mecánica, mi cabeza calva es la nuez de cenicienta, y sé bien que los tiempos en que el pensamiento estaba inscrito en la memoria humana tenían que ser muchos más hermosos; si en aquel tiempo alguien hubiese querido prensar libros, tendría que haber prensado cabezas humanas, pero tampoco eso habría servido para nada, porque los verdaderos pensamientos provienen del exterior, van junto al hombre como su fiambrera de fideos y por
eso todos los inquisidores del mundo queman libros en vano, porque cuando un libro comunica algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras lo devoran las llamas, y es que un verdadero libro siempre indica algún camino nuevo que conduce más allá de sí mismo.


