lunes, 7 de marzo de 2011

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Poeta: Idea Vilariño


Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Escribir, una manera de vivir: Mario Vargas Llosa



Ya lo había dicho en alguna entrada de este blog: soy 100% Vargasllosista (siempre y cuando estemos hablando de literatura). No solo porque la estructura de sus novelas son hermosas obras arquitectónicas hechas con palabras; sino porque es uno de los escritores más generoso a la hora de trasmitir, de exponer la carpintería del oficio, de mostrar el revés del tejido. Así como en sus obras de ficción se esmera por una construir estructuras sin fallos, en sus ensayos, disecciona con gran habilidad literaria cada una de las tripas de los escritos de sus narradores favoritos: Victor Hugo, Flaubert, Gabriel García Márquez, Onetti, etc., y este ejercicio ilunmina la lectura o relectura que uno puede hacer de estos autores.
He leído varios libros de creación literaria, pero tal vez el que llevo siempre en mi memoria y en mis afectos es Cartas a un joven novelista de Mario Vargas Llosa. Este pequeño manual ha sido imprescindible en mi proceso de aprendiz de escritor.
Si usted tiene pretensiones de autor tiene que ver este video; si simplemente disfruta, consume buena literatura, tomese media hora para que escuche esta deliciosa charla de este generoso y gran maestro.







viernes, 24 de septiembre de 2010

Literatura felina: Pablo Neruda


Desaparición o muerte de un gato

Pablo Neruda

También la vida tiene misterios sencillos e inaccesibles, existen los rumores del granero inacabablemente, el perpetuo acabarse de las nueces verdes y amargas, la caída de las peras olorosas madurando, se reviene la sal transparente, desaparece o muere el gato de María Soledad. Hasta su cola era usada como un instrumento, el color era de retículos negros y blancos, era una forma familiar y animada andando en cuatro píes de algodón, oliendo la noche fría y adeversa, roncando su actitud misteriosa en las direcciones de la alfombra.
Se ha escurrido el gato con sigiliosidad de aire, nadie lo encuentra en la lista de sol que comía atardeciendo, no aparece su cola de madera flexible, tampoco relucen sus verdes mitades pegadas a la sombra como clavándolas a los rincones de la casa.
Ahí está María Soledad, con los cuadros del delantal jugando con los ojos a los dados, pensando en los rincones preferidos del gato y en su fuga o en su muerte de la que ella no es culpable, María Soledad a quien también le cuesta igilar sus ojos anchos. Para los días que dure la ausencia deja de ponerse alegre como si el color del gato hubiera estado anillado con sus risas de agua. En la noche estaríalos estremeciendo el fulgor de la luna, él a los pies de ella, pasarían las rondas de la noche, tocarían las grandes horas solitarias; entonces María Soledad, está más lejos, con esa lejanía de ojos cerrados, pasan campos y países debajan puentes, cielos, no se llega nunca, nunca a fondear tu sueñoa ninguna distancia, con ningún movimiento, María Soledad, solo tu gato fulgurece los ojos y te sigue, ahuyentando mariposas extrañas. Ahí está de repente, a la orilla de un viejo mueble, aparece con su pobreza verdadera, con su realidad de animal muerto, entonces está llorando de nuevo, María Soledad, tus lágrimas caesn, lagunan al borde del compañero, la sola muerte señala el llanto caído, más allá el balcón de los sueños sin regreso.

Atenea, Concepción, mayo de 1926 / Anillos, 1926