El acusado

—Adiós, le digo.
—Adiós, me dice.
J.M. Coetzee. Esperando a los bárbaros. Debolsillo, 2004. p. 110
La defensa
Esta es la tercera novela que leo de Coetzee. Las dos anteriores fueron Desgracia y Diario de un mal año. Ninguna me ha defraudado. Tal vez, la que menos me gustó (y me gustó mucho) fue Diario de un mal año, aquello de usar la novela de parapeto para opinar de la actualidad en la voz de un personaje, no me dejó muy satisfecho.
Pero este juicio es a Esperando a los bárbaros.
Un magistrado en un pueblo de la frontera de un imperio. El tiempo lo ha llevado a comprender que sus vecinos no son sus enemigos, que son bárbaros por el sólo hecho de no ser parte del imperio; pero él es el único que lo entiende así y eso le costará.
Sin caer en facilismos ni clichés es magistral la metáfora moral y política que plantea Coetzee. Fue publicada en 1980, pero siempre será contemporánea, porque siempre tendremos, en algún lugar del mundo, un “imperio” invasor y unos nativos “bárbaros”. Nunca dejará de pasar y siempre terminará el cuento como esta novela. A pesar de eso lo olvidamos y lo repetimos una y otra vez. ¿O cuantas veces en la historia reciente hemos escuchado de parte de líderes políticos la sentencia: “o están conmigo o están contra mí”?
Por otra parte, me gusta mucho la estructura sencilla que plantea el autor. Es una historia lineal, sin saltos abruptos. También el lenguaje es tremendamente simple. Coetzee utiliza al magistrado, un tipo sencillo, para conducir la narración. El hombre, incluso cuando se enfrenta a situaciones altamente dramáticas, mantiene el mismo tono simple, tranquilo y pausado. Eso facilita meter una inmensa historia en algo más de doscientas paginitas. Otro, con más artilugios, de pronto innecesarios, las hubiese duplicado o triplicado. Esa sencillez es una de las cosas que más admiro de Coetzee en las escasas tres novelas que he leído de él.
La fiscalía
Me da vergüenza, señor juez, pero no tengo nada que decir, excepto que me retiro del caso y no es porque el señor Coetzee sea un premio Nobel, no -Jelinek y Cela también lo son y no me los trago-; es que la novelita me gusto mucho, de verdad. No tengo más que decir.
Veredicto
Como todo lo de Coetzee, hay que leerla.
Comuniquese y cúmplase

2 comentarios:
Hola, Samuel. Llegué de casualidad por aquí y como veo que te gusta la literatura, tal vez pensé que te puede interesar participar en el concurso de microcuentos 'El dinosaurio'. Te quería extender cordialmente la invitación y te espero por allá.
Yo leí Desgracia y me gustó. Y coincidimos con respecto a Jelinek: desde hace rato estoy leyendo 'La pianista' y no he podido. No he querido dejarlo, pero cada vez se me aplaza más la lectura. Cuando lo veo encima de la mesa, ¡ay!, me da una jartera agarrarlo. Bien lo dice la contraportada del libro: "su literatura es densa..."
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