sábado, 5 de julio de 2008

Obsesiones compulsivas: Ganapán

No me gusta trabajar, pero tengo que hacerlo.

Soy afroboyaco y la culpa de la primera parte de la frase anterior se la debo a mis genes afro: a los negros no nos gusta trabajar; somos buenos para el trabajo duro, rendimos, somos buenos esclavos, pero como Bartebly, “preferiríamos no hacerlo”. La segunda, es por los genes boyacos. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, no importa que el pan te sepa a… maluco y te paguen una miseria o que arbitrariamente te cambien las reglas de juego: aumentar el horario un par de horas porque sí; igual, siempre lo aceptamos porque mi Dios lo quiso así… ¿Se acuerdan de Siervo sin tierra, el boyaco?

Trabajo y lo hago lo mejor posible para que cada mes me llegue una plática, pero no porque sienta que es el sentido de mi existencia, “mi misión en el mundo”, dicen los trascendentales y los boyacos también. Reconozco que sería bonito que el trabajo ­—entiéndase lo que me da para comer, pagar el arriendo, mercar, comprar libros, ir a cine y, de vez en cuando, pasear­­­­­— me apasionara; pero hoy no es posible. Entonces hago la tarea y la hago bien. Pero no me pidan que llore de la emoción porque la plana quedo bien escrita o me rasgue las vestiduras porque no. ¡Bienaventurados aquellos para los que el trabajo es pasión!

Yo trabajo para vivir y no vivo para trabajar. Para mí la vida está en otra parte. El problema es que el 46% de cada día lo desperdicio en eso; otro 29% lo invierto en sueño; lo que significa que me queda sólo una escasa cuarta parte para vivir mi vida. Lástima que los fines de semana solo sean de dos días.

Sin embargo, aunque lo que me apasiona (amar a mi esposa, la literatura y, en menor proporción, la epidemiología) no me dan mayor dinero (aún), es lo que previene que mis ocasionales depresiones no sean tan profundas y me impulsa a continuar hasta los 105 años que he decidido vivir.

Hoy no tengo otro camino; quiéralo o no, soy un Ganapán y lo seguiré siendo no sé hasta cuando. Lo importante es aceptarlo y estar en paz con esa condición inevitable (por ahora), que no duela y, hasta de pronto, se deje disfrutar de vez en cuando.

Ahora comprendo la aceptación sumisa de las castas en la India. Que así sea.

4 comentarios:

m dijo...

jajaja, si, ya entendí lo que me decías. bueno, mi ejemplo es mi mamá, es pianista y profe de piano, mas lo segundo que lo primero porque en este país solo le pagan a los pianistas extranjeros y a teresita gómez y otros dos o tres más. pero mi mama disfruta profundamente lo que hace y mi hermano y yo siempre quisimos que así nos pasara. lástima no nos ha pasado... aún, espero. Este nuevo trabajo no será permanente, así que quisiera creer que por serlo será mas fructífero y disfrutable. Ojalá nos pase a los dos: encontrar algo muy muy bueno, que de plata y nos haga medio felices.
un abrazo

klares7 dijo...

Oye, Cerebro Ganapán, tú y Bartebly me reconcilian con la realidad... Um grande abraço! Niñito Ganapán

Catalina dijo...

si, ese verso Boyaco a mi también me lo metieron desde chiquita pero como no me gasto la plata en jartar no tengo que matarme trabajando. La vida esta en otra parte.

Abrazos

Martha Li dijo...

GRACIAS! SAMY POR DEVOLVERME LA DIGNIDAD, GRACIAS!!!!!