sábado, 9 de agosto de 2008

Obsesiones compulsivas: La pereza

Mañana se celebrará la versión 24 del Día Mundial de la Pereza en Itaguí. Mientras viví en Medellín quise asistir a la fiesta, pero la verdad… me aguante las ganas. En esencia, los ágapes populares me dan pereza.

Eso no excluye que me sienta cómplice de quienes celebran el día de mi pecado capital favorito; por eso les regalo este breve ensayo del extinto Jaime Alberto Vélez publicado hace nueve años en el Magazín Dominical de El Espectador (quiera Dios que pronto resucite… el Magazín, porque el maestro, ni modos).



OCUPARSE DE NADA


Jaime Alberto Vélez


De los siete pecados capitales, el de la pereza es, sin duda, el más difamado de todos. Sobre la pereza suele afirmarse, por ejemplo, que es «la madre de todos los vicios». Pero, en sentido estricto, ¿no ocurre al revés? ¿No constituye la virtud que se le opone, esto es, la diligencia, el origen de todos los males? Nadie más peligroso que un sujeto activo y cumplidor estricto de sus funciones. Por un exceso de diligencia en el actuar se han arrasado montes, se han explotado hasta la fatiga las profundidades del mar, se han mancillado las entrañas de la tierra y ha habido guerras y disputas sin cuento. No puede ser recomendada como una virtud una simple característica que algunos seres humanos comparten con el comején y el gorgojo.


La perfección no reside en el trabajo ni en la continua agitación. Epicuro y Lucrecio, cimas de la inteligencia humana, conceptuaron que los dioses, si eran verdaderos, estaban inactivos. Lao Tsé, por su parte, escribió para la eternidad en el libro del Tao:


Practica el no actuar,

Dedicate a no ocuparte en nada


Platón en el libro V de La República dictaminó que «la naturaleza no ha creado ni zapateros ni herreros”, con lo cual quería dar a entender que muchos de los oficios son antinaturales, es decir, creados y mantenidos artificialmente por la sociedad. ¿Y podría mantenerlos, acaso, sin proscribir la pereza y exaltar la diligencia?

Resulta evidente que si los oficios son creados, también, por la misma razón, las virtudes que los sustentan.


En el más antiguo diccionario de la lengua española, el Diccionario de Autoridades, publicado en 1726, se define la pereza como «dificultad para levantarse de la cama o del asiento». ¿A tan poca cosa se llama «madre de todos los vicios»? Si se mira bien, ¿no andaría mucho mejor el mundo si sus gobernantes retozaran cada día un poco más en el lecho con su esposa o con sus hijos pequeños? La manía de la acción, que otros llaman virtud de la diligencia, llevó al presidente William Clinton a actuar de pie con la becaria Mónica Lewinsky. Pero que nadie se engañe: la lascivia aquí no es hija de la pereza. Una de las características del capitalismo consiste

precisamente en practicar cualquier pecado capital, cualquier vicio, excepto la pereza. Por esta razón, el gobernante permanece de píe, no se acuesta, y es esta diligencia lo que determina una relación impropia. Pero impropia —cabe suponer— significa incómoda. Mejorando el conocido pensamiento de Pascal, se podría decir que los problemas del hombre surgen de no tener una hamaca o un mueble confortable en la casa. Así que el mundo andaría mucho mejor si todos —pero especialmente quienes tienen alguna responsabilidad sobre la

suerte de los demás— tuvieran más amistad con el lecho o con el asiento favorito. Mejor dicho: si dejaran de tomar en serio su ilusorio poder y practicaran el consejo que Ricardo Reis formó por ese pigre de Fernando Pessoa:


Siéntate al sol. Abdica

Y sé rey de ti mismo.


Jaime Alberto Vélez. Magazín Dominical No. 828 del 28 de marzo de 1999. Páginas 8 y 9.

4 comentarios:

Martha Li dijo...

PEREZA n.f. Falta de ganas de hacer algo. 2. Letitud o descuido en las acciones o movimientos.

PEREZOSA n.f. Femenino de perezoso. 2. Argent., Perù y Uruguay. Tumbona, silla articulada y extendible con asiento y respaldo de lona.

PEREZOSO, A adj. Que tiene pereza.- n.m. 2.Mamìfero arborìcola, de 60cms de longitud, de América del Sur, de movimientos muy lentos. (Orden desdentados).....Se le habràn caìdo por la pereza de cepillarlos?, ò - simplemente no tiene porque - le da una pereeeeza comer!?

Camilo Jiménez dijo...

Me pasaba lo mismo que a Samuel cuando vivía en Medellín y se celebraba el Día de la Pereza en Itagüí: me daba pereza ir a celebrar, entonces los acompañaba de corazón desde... mi cama.

Que es desde donde leo ahora esta bonita entrada, valga decir. El ensayito del profesor Vélez, el tema, siempre me hace recordar una de las "Tergiversaciones", de uno de mis poetas favoritos, León de Greiff, eterno apóstol de la molicie. El soneto termina así:

¡Y tanta tierra inútil por escasez de músculos!
¡Y tanta industria novísima! ¡tanto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos...

Samuel Andrés Arias dijo...

Martha: ¿Notaste que dos de las definiciones tienen que ver con latinoamércia? ¿Qué será? jejeje!

Camilo: Cómo envidio la vida del maestro De Greiff. ¿Fue en El Malpensante donde publicaron un artículo que hablaba de su vida y que tenía una foto donde mostraba el desorden de libros que tenía en su casa?

Camilo Jiménez dijo...

Efectivamente, Samuel, fue en El Malpensante. La crónica es de Germán Espinosa y se llama "El millón de sombreros y otras anécdotas de León de Greiff". La fotografía (impresionante) es de Abdú Eljaek (ahora se me olvida la grafía del nombre).